¿Por qué algunos zapatos cambian nuestra forma de bailar?

A veces basta con cambiar de zapatos para tener la sensación de bailar de otra manera.

Los movimientos se vuelven más naturales, los giros más fáciles, los apoyos más precisos. Nos sentimos más estables, más libres… y, a veces, simplemente más cómodos.

Por el contrario, un calzado poco adecuado puede hacernos sentir que luchamos contra el suelo con cada movimiento.

Ya bailemos tango, salsa, bachata, kizomba o bailes de salón, los zapatos desempeñan un papel mucho más importante de lo que imaginamos.

Pero ¿qué es lo que realmente marca la diferencia?

1. Porque nuestros pies son nuestro primer contacto con el suelo

Cuando bailamos, todo comienza por los pies.

Reciben nuestro peso, transmiten nuestros desplazamientos y nos permiten sentir el suelo.

Por eso, un zapato de baile debe encontrar un equilibrio delicado: proteger el pie sin aislarlo por completo de lo que sucede bajo él.

Si es demasiado rígido, puede limitar las sensaciones.

Si es demasiado flexible, puede ofrecer poco soporte.

El zapato adecuado permite simplemente que el pie haga su trabajo de forma natural.

2. Porque al bailar no nos limitamos a caminar

Caminar por la calle y moverse sobre una pista de baile son dos cosas muy diferentes.

Cuando bailamos, giramos, pivotamos, cambiamos rápidamente de dirección y transferimos constantemente nuestro peso de un pie al otro.

Esto es especialmente evidente en el tango argentino, pero también en la salsa, la bachata y muchos bailes de salón.

La suela se convierte entonces en un elemento esencial.

Debe permitir el deslizamiento suficiente para facilitar las rotaciones y, al mismo tiempo, conservar la adherencia necesaria para controlar los movimientos.

Es una diferencia que a menudo se percibe desde los primeros pasos.

3. Porque el equilibrio lo cambia todo

Bailar bien no depende únicamente de las figuras que conocemos.

También depende de nuestro equilibrio.

Cuando nos sentimos estables sobre nuestros zapatos, podemos concentrarnos más en nuestra pareja, en la música y en nuestras sensaciones.

En el caso de las mujeres, la altura y la posición del tacón pueden modificar considerablemente la postura y la distribución del peso.

Tanto en hombres como en mujeres, la construcción general del zapato también influye en la estabilidad.

A veces, unos pocos milímetros pueden cambiar muchas cosas.

4. Porque nuestros pies necesitan poder moverse

Un zapato de calle suele estar diseñado para proteger y sujetar el pie mientras caminamos.

Un zapato de baile también debe permitirle expresarse.

Estirar el pie, desarrollar un paso, cambiar rápidamente de apoyo o realizar un giro requiere cierta libertad de movimiento.

Por eso, muchos zapatos de baile tienen una construcción más flexible que el calzado convencional.

El objetivo no es tener un zapato excesivamente blando.

El objetivo es que acompañe el movimiento en lugar de dificultarlo.

5. Porque la comodidad se vuelve esencial después de unas horas

Al principio de una noche de baile, casi cualquier zapato puede parecer cómodo.

La verdadera diferencia suele aparecer más tarde.

Después de una hora bailando.

Después de dos.

Después de tres…

Cuando pasamos toda una noche en la pista, los puntos de presión, las rozaduras o una mala sujeción se hacen notar rápidamente.

Por eso, un zapato de baile debe elegirse no solo por su estética, sino también por la comodidad que proporciona con el paso de las horas.

Porque cuando empiezan a dolernos los pies, resulta difícil pensar en otra cosa.

6. Porque sentirnos elegantes también cambia nuestra forma de bailar

Por último, existe algo mucho menos técnico, pero igualmente importante.

El placer de llevar unos zapatos que nos gustan.

Para algunos bailarines, prepararse para una noche de baile ya forma parte del placer: elegir la ropa, un vestido, una camisa… y, por supuesto, los zapatos.

El tango tiene su elegancia.

La salsa, su energía.

La bachata, su estilo.

Los bailes de salón, sus propios códigos.

Pero sea cual sea el baile, sentirnos bien con lo que llevamos también puede darnos más confianza cuando entramos en la pista.

Entonces, ¿cuál es el mejor calzado para bailar?

Probablemente no exista un zapato perfecto para todo el mundo.

Nuestro baile, nuestro nivel, la forma de nuestros pies, el tipo de suelo, nuestros hábitos y nuestras preferencias son diferentes.

Algunos buscan mucha flexibilidad.

Otros prefieren una mayor sujeción.

A algunos les gusta sentir mucho el suelo, mientras que otros prefieren una mayor amortiguación.

Y, naturalmente, también queremos unos zapatos que nos gusten.

Pero quizá exista una señal bastante sencilla para reconocer un buen par de zapatos de baile:

después de bailar unas cuantas canciones, dejamos de pensar en nuestros zapatos.

Escuchamos la música.

Miramos o sentimos a nuestra pareja.

Bailamos.

Y nuestros zapatos simplemente hacen su trabajo.


El baile comienza por los pies. Merece la pena ofrecerles un buen calzado.

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