¿Por qué nos gusta tanto prepararnos para salir a bailar?
¿Una noche de baile comienza realmente cuando empieza la música?
No siempre.
Para muchos de nosotros, comienza mucho antes.
En el momento de elegir qué ponernos, preparar los zapatos, comprobar que llevamos todo en la bolsa o simplemente preguntarnos con quién nos encontraremos esa noche.
Poco a poco, dejamos atrás la rutina para entrar en otro universo.
Ya salgamos a bailar tango, salsa, bachata, kizomba o bailes de salón, estos pequeños rituales forman parte del placer.
Pero ¿por qué nos gusta tanto prepararnos para salir a bailar?
1. Porque la ilusión también forma parte del placer
Todos conocemos esa sensación.
El día todavía no ha terminado, pero sabemos que por la noche vamos a bailar.
Y esa simple perspectiva puede cambiar nuestro estado de ánimo.
Imaginamos la música, el ambiente, las personas con las que nos encontraremos. Quizá ya estemos pensando en esa sala que tanto nos gusta o en esa canción que esperamos escuchar.
Por eso, el placer no comienza necesariamente con la primera canción.
A veces empieza varias horas antes.
2. Porque elegir qué ponernos nos transporta a otro universo
No siempre nos vestimos de la misma manera para ir a trabajar, hacer la compra… o salir a bailar.
Y no es únicamente una cuestión de elegancia.
Elegir qué ponerse para bailar también significa empezar a entrar en el ambiente.
Un vestido con el que nos gusta movernos.
Una camisa con la que nos sentimos elegantes.
Un pantalón cómodo.
Un top que reservamos casi exclusivamente para salir a bailar.
Cada baile tiene, por supuesto, sus propias costumbres y estilos.
El tango puede invitarnos a una cierta elegancia, la salsa a más color y energía, la bachata a un estilo diferente, mientras que los bailes de salón tienen sus propios códigos.
Pero, al final, lo más importante siempre es lo mismo:
sentirnos bien con lo que llevamos.
3. Porque algunas cosas se convierten en pequeños rituales
Preparar los zapatos.
Comprobar la bolsa.
Elegir algunos accesorios.
Prepararnos delante del espejo.
Ponernos un poco de perfume.
Estos gestos pueden parecer insignificantes.
Sin embargo, cuando bailamos habitualmente, a veces se convierten en auténticos rituales.
Marcan la transición entre el día que termina y la noche que comienza.
Como si nuestro cerebro fuera entendiendo poco a poco:
ahora vamos a bailar.
4. Porque nuestros zapatos suelen ocupar un lugar especial
Están los zapatos que utilizamos para caminar por la calle.
Y luego está, a veces, ese par que reservamos para bailar.
Lo llevamos en una bolsa, nos lo ponemos al llegar y, en ese preciso instante, algo cambia.
Estamos preparados.
Para algunos bailarines, estos zapatos son ante todo una cuestión técnica.
Para otros, forman realmente parte de su look.
Y muchas veces son un poco de ambas cosas.
Comodidad, equilibrio, libertad de movimiento… pero también el placer de llevar un par de zapatos que nos encanta.
Para muchos bailarines, ese pequeño cambio de calzado se ha convertido casi en la señal de que la noche puede comenzar.
5. Porque también nos preparamos para reencontrarnos con los demás
Salir a bailar no consiste únicamente en escuchar música y dar unos pasos.
También significa reencontrarse con una comunidad.
Caras conocidas.
Amigos.
Parejas de baile con las que disfrutamos especialmente.
Y, a veces, personas que todavía no conocemos.
En una milonga, una noche de salsa, bachata o kizomba, un baile o una velada de bailes de salón, siempre existe esa dimensión social tan particular.
No sabemos exactamente cómo será la noche.
Con quién bailaremos.
Qué música nos emocionará.
Qué encuentro nos sorprenderá.
Y esa pequeña parte de incertidumbre seguramente también contribuye a nuestras ganas de salir.
6. Porque también nos gusta sentirnos guapos
Bailamos, por supuesto, por la música, el movimiento y el placer.
Pero no hay nada superficial en disfrutar también de sentirnos elegantes o simplemente a gusto con nuestra apariencia.
Una bonita ropa puede darnos confianza.
Un par de zapatos que nos encanta puede cambiar nuestra postura.
Un accesorio puede aportar ese pequeño toque que nos representa.
No se trata de vestirse para impresionar a los demás.
Se trata, sobre todo, de mirarnos antes de salir y pensar:
«Sí, esta noche tengo ganas de bailar».
7. Porque cada noche contiene una pequeña promesa
Sabemos cuándo salimos de casa.
Pero nunca sabemos realmente cómo regresaremos.
Quizá hayamos descubierto una canción.
Conseguido algo que llevábamos mucho tiempo practicando.
Bailado con alguien a quien acabamos de conocer.
Reído muchísimo.
O simplemente pasado unas horas sin pensar en nada más.
No todas las noches se convierten en momentos inolvidables.
Y afortunadamente es así.
Pero cuando preparamos nuestras cosas antes de salir, siempre existe esa posibilidad:
¿y si esta noche fuera una noche realmente especial?
Quizá sea también por eso por lo que disfrutamos tanto de esos pequeños preparativos.
Y tú, ¿cuándo comienza realmente tu noche de baile?
¿Cuándo eliges qué ponerte?
¿Cuándo guardas tus zapatos en la bolsa?
¿Cuándo llegas a la sala?
¿O solamente cuando empiezan a sonar las primeras notas de música?
En realidad, no importa.
Porque para muchos de nosotros, el placer de bailar comienza mucho antes del primer paso.
Porque prepararse también forma parte del placer de bailar
En Tango17 nos gusta todo lo que acompaña estos momentos: los zapatos que guardamos en nuestra bolsa, la ropa con la que disfrutamos bailando, los accesorios que llevamos con nosotros y esos pequeños detalles que forman parte de nuestro universo.
Tango, salsa, bachata, kizomba o bailes de salón: cada persona vive su pasión a su manera.
¿El baile forma parte de tu vida? También forma parte de la nuestra.
Una canción, unos pasos, un encuentro… y el placer de bailar toma el protagonismo.
Tango, salsa, bachata, kizomba o bailes de salón: en Tango17 seleccionamos cuidadosamente zapatos, ropa, accesorios e ideas de regalo para quienes disfrutan bailando.