¿Por qué nos sienta tan bien bailar?
A veces bastan unos pocos pasos.
Empieza a sonar la música, el cuerpo se pone en movimiento y, unos minutos después, algo ha cambiado. Nos sentimos más ligeros, más presentes, a veces incluso simplemente… mejor.
Quienes sienten pasión por el tango, la salsa, la bachata, la kizomba o los bailes de salón conocen bien esta sensación.
Pero ¿por qué bailar nos hace sentir tan bien?
La respuesta no se limita únicamente a la actividad física.
1. Porque cuando bailamos, estamos realmente presentes
Cuando bailamos, es difícil pensar al mismo tiempo en la lista de cosas que tenemos que hacer mañana.
Hay que escuchar la música, sentir a la pareja, anticipar un movimiento, mantener el equilibrio, seguir el ritmo…
Nuestra atención vuelve de forma natural al momento presente.
Esto se percibe especialmente en el tango argentino, donde la escucha y la conexión ocupan un lugar esencial, pero esta sensación está presente en todos los bailes en pareja.
Durante unos minutos, todo lo demás puede esperar.
2. Porque a nuestro cuerpo le gusta moverse
Pasamos gran parte del día sentados, delante de una pantalla, en el coche o simplemente moviéndonos mucho menos de lo que nuestro cuerpo desearía.
Bailar vuelve a ponerlo todo en movimiento: las piernas, por supuesto, pero también la cadera, la espalda, los hombros, los brazos, el equilibrio y la coordinación.
Y, a diferencia de una actividad física que practicamos únicamente «porque hay que hacer deporte», muchas veces nos olvidamos del esfuerzo.
Nos movemos porque disfrutamos bailando.
Probablemente sea una de las grandes virtudes del baile.
3. Porque la música lo cambia todo
Intenta imaginar una milonga sin tango, una noche de salsa sin música o una bachata en silencio…
Imposible.
La música no se limita a acompañar el baile: provoca emociones y despierta en el cuerpo las ganas de reaccionar.
Una canción puede llenarnos de energía, emocionarnos, despertar un recuerdo o simplemente hacernos querer salir a la pista.
Y cuando la música y el movimiento se encuentran, la experiencia se vuelve todavía más intensa.
4. Porque bailar también significa encontrarse con los demás
Hay algo especial en los bailes en pareja.
Durante unos minutos, dos personas que a veces apenas se conocen tienen que escucharse sin hablar.
En un abrazo de tango, una conexión de bachata, una salsa o un baile de salón, el principio es, en el fondo, bastante parecido: proponer, escuchar, responder y adaptarse.
El baile crea así encuentros que probablemente nunca se habrían producido de otra manera.
Y alrededor de la pista suelen surgir amistades, costumbres, viajes y, a veces, historias realmente bonitas.
5. Porque nunca dejamos de aprender
Al principio, conseguir dar tres pasos sin mirar los pies ya puede parecer una victoria.
Después llega el primer giro bien hecho.
La primera noche en la que nos atrevemos de verdad a bailar.
Una nueva figura.
Una mejor conexión.
Una musicalidad que por fin empezamos a sentir.
Y, aunque llevemos años bailando, siempre queda algo nuevo por descubrir.
El baile nos regala regularmente pequeñas victorias.
Probablemente sea también una de las razones por las que se convierte tan fácilmente en una pasión.
6. Porque bailar nos permite ser… nosotros mismos
A algunos les encanta la elegancia del tango.
Otros prefieren la energía de la salsa, la sensualidad de la bachata, la conexión de la kizomba o el refinamiento de los bailes de salón.
A algunos les gusta prepararse antes de salir a bailar, elegir una bonita ropa o ponerse ese par de zapatos que tanto les gusta.
Otros simplemente llegan con ganas de bailar.
No existe una única manera de vivir esta pasión.
Y quizá sea esta una de las cualidades más bonitas del baile: cada persona puede encontrar en él algo diferente.
Y tú, ¿por qué bailas?
¿Por la música?
¿Por conocer gente?
¿Por olvidarte de la rutina?
¿Por superarte?
¿Por viajar?
¿O simplemente porque ya no podrías imaginar tu vida sin bailar?
Sea cual sea la respuesta, hay algo seguro:
rara vez salimos de una pista de baile exactamente en el mismo estado en el que entramos.
Y quizá esa sea, al final, la mejor respuesta a nuestra pregunta.
¿El baile forma parte de tu vida? También forma parte de la nuestra.
Una canción, unos pasos, un encuentro… y el placer de bailar toma el protagonismo.
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